Km. 94.

Me levanto con conjuntivitis y una herida en el ojo izquierdo, pero Toni me ha hecho una cura y he recuperado mis gafas oscuras, así que continúo mi camino. Llevo en las manos un mapa dibujado a mano alzada que indica el lugaren el que Toni encontró la huella del myotragus. Se trata de un hueco abierto en la base de una de estas dunas fósiles que cobrarán altura a medida que camine. En los ochenta, mientras bordeaba la costa con una lancha, localizó unas extrañas formaciones en las antiguas canteras de marés, la erosión del mar había sacado a la luz las huellas de este mamífero, una especie de antílope enano, del tamaño de una cabra. Esta especie quedó aislada en las islas hace más de cinco millones de años por la crecida del Mediterráneo. Acostumbrado a batirse con otros depredadores y al ver limitado su alimento, este animal fue perdiendo tamaño, desarrollando unos incisivos capaces de roer todo tipo de cortezas… Su evolución no contempló, por lo visto, la necesidad de defenderse de los seres humanos, máximos responsables de su desaparición.

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Esta entrada se publicó el julio 6, 2006 en 8:00 pm y se archivó dentro de Sexta Jornada. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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