Km. 96.

Mi ojo vuelve a arder. Pienso en otro asunto, en mantener la autonomía de mi recorrido, por ejemplo, en tener un criterio propio frente a los trazados ya marcados por los excursionistas o los pescadores o los cazadores o los contrabandistas, he de seguir el mi instinto, una suma; pero nada, de las cuentas vuelvo a mi herida. Hago otro requiebro y recuerdo el azar tambien interviene que en mi itinerario y orienta mi observación, pero vuelvo a dar un respingo. La rozadura que siento tras los párpados manda en mis monólogos de modo que paso a la acción: tomo asiento, pliego pestañas y relajo el globo ocular. Junto al alivio llega la imagen del ojo de la mujer cortado por la navaja y los desorbitados de Buñuel. Por lo visto, intentando dar esquinazo al dolor, he apelado al estupor. Vamos, que ahora viene la metáfora dispuesta a hacerse carne… ah, no, si se trata de cegar mi punto de vista convencional para que surja mi mirada interior, no hace falta pasar por esto… así que me digo que, simplemente, la herida no está curada y me dejo de pamplinas.

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Esta entrada se publicó el julio 6, 2006 en 7:50 pm y se archivó dentro de Sexta Jornada. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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