Km. 98.

Subo y bajo pequeños torrentes. Las ramas secas que flagelan mis pantorrillas se convierten en magníficas aliadas cuando me encaramo por sus laderas, de manera que llevo un buen tramo aliada con el enemigo. Ahora que he vuelto a encontrar un trazado ancho junto al acantilado, respiro profundamente, agradecida, e invento que es la propia tierra la que despeja sus guijarros y amansa a las matas. En el suelo, el capullo de seda es un minúsculo Moisés abriendo un pasillo en el medio del mar. Apenas presto atención al romero, el brezo, las sabinas, no reparo en si me cruzo con especies protegidas como la aladierna o en las endémicas como el peterell o en las minúsculas como la hierba de San Ponç… Sí, probablemente sea una mujer en éxodo.

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Esta entrada se publicó el julio 6, 2006 en 6:43 pm y se archivó dentro de Sexta Jornada. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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