Km. 99.

Mientras todo es ocre en la tierra, en el agua manda el azul; sin embargo, este lugar no parece convencer a los peregrinos de la belleza, ni a los excursionistas (con quienes creía que coincidiría). Quizá porque el sol disuade, su estridente luminosidad asusta. Si el ser humano es también el lugar que habita, confirmo que ahora sobrevivo en el exilio. Mientras el capullo de seda y yo mendigamos sombras, recuerdo a Camús, que creció a mitad de camino entre la miseria y el sol. Su luz le enseñó que la historia no lo es todo. Doy esquinazo al cansancio recogiendo brotes cuyo nombre desconozco pero he empezado a elaborar un “licor d’herbes” del camino y alguno de ellos valdrá. Es mi desquite.

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Esta entrada se publicó el julio 6, 2006 en 6:20 pm y se archivó dentro de Sexta Jornada. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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