Km. 74.

El viento del norte azuza el mar y esparce la arena de Es Trenc bajo las sombrillas. Intuyo que las salinas están al otro lado de la vegetación que bordea esta playa. Los bañistas no llegan de allí, atravesando estas barbas verdes, sino del lugar hacia el que me dirijo. Les oigo hablar, son extranjeros. El mar también avanza, hacia mí, lo sé porque he dejado atrás los restos de un edificio comido por las olas. Dentro de unos años las primeras líneas de playa de Mallorca se encharcarán hasta desaparecer. El Mediterráneo se comerá a las islas por todos sus bordes como ya lo hace el Pacífico o el Atlántico. Archipiélagos como Kribati o Vanatu ya saben de la voracidad de la subida del nivel del mar. Encaramado a la duna de posidonia, que separa la arena del agua, mi capullo de seda se hermana con los habitantes de las minúsculas islas volcánicas y atolones coralíferos que ya empiezan a abandonar sus tierras, huyendo de las inundaciones.

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Esta entrada se publicó el julio 5, 2007 en 8:50 pm y se archivó dentro de Quinta Jornada. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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