Km. 84.

Encuentro una casa en la orilla, vacía. Imagino que pertenece a la familia March, propietaria de gran parte de estos terrenos. Si esta zona se mantiene alejada de a hiperconstrucción se debe a su voluntad. ¿O debería decir a capricho? ¿Compromiso? ¿Azar?. La utilizo como refugio momentáneo; al margen de sus sillas de mimbre o su gran mesa, apoyo mis riñones en su suelo, firme, duro y liso junto a uno de sus muros (el viento es peligroso cuando se combina con el sol, creo que estoy deshidratandome). No elijo sus rincones más bellos sino la penumbra. He olvidado las gafas y la arena y el resol han hinchado mis ojos, los veo en un reflejo de la cámara y me asusto. Me incorporo para hacer ejercicios con la vista y me fijo en el islote de Na Moltona y en el illet petit, entre  nosotros y Sa Dragonera. Algo me raspa bajo el párpado y vuelvo a tumbarme.

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Esta entrada se publicó el julio 5, 2007 en 7:45 pm y se archivó dentro de Quinta Jornada. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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