Km. 85.

Camino con los ojos lagrimentantes pensando en el final de esta etapa. No quiero perder el ritmo y, además, ya no hay vuelta atrás, el único aparcamiento cercano al que puede aproximarse Toni está junto al faro del Cabo Salinas. Camino con los ojos cerrados, contando los pasos e intentando ir en línea recta. Pestañeo poco, me duele. La mirada es una forma de contacto, qué importante, pero enseguida saco la lengua a mis retinas: su información es insuficiente si lo que se pretende alcanzar es el conocimiento. Hace varios kilómetros que Sa Dragonera se levanta frente a mí y no la he prestado atención. ¿De qué le han valido mis dos ojos?. Además, el trazado de hoy no requiere demasiada atención, de modo que podré avanzar sin tener que exigirle demasiado a la vista.

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Esta entrada se publicó el julio 5, 2007 en 7:40 pm y se archivó dentro de Quinta Jornada. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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