Km. 89.

En esta punta, junto al Penyalar de Can Curt, vuelven las calizas a enseñar sus dientes de perro y a formar cocós. Hace ya un buen rato que sumo sombras, son escasas y torcidas (el viento deforma las copas y amojama su espesor); con ellas, por supuesto, va emparejado el sol. La otra constante es el manto de posidonia muerta. El terceto marca un ritmo lento y grave, que ralentiza mi paso. Lejos de desnudarme, bailo, vestida, bajo el agua. Quizás sea la única supervivente del planeta; quizás suceda lo que más de una vez deseé de niña, que Charlton Heston (el del 68) aparezca tras las rocas y me encarame a la cabeza de la Estatua de la Libertad, hundida como un juguete en la arena. O mejor, no, mejor soy Ursula Andress saliendo en bikini del agua en “007 contra el Dr. No” o la Welch en “Hace un millón de años”…  Ja ja ja… Las dunas fosilizadas son diminutos cráteres, minúsculos escenarios de estas ráfagas de ciencia ficción.

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Esta entrada se publicó el julio 5, 2007 en 7:00 pm y se archivó dentro de Quinta Jornada. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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