Km. 92.

En la recta final. Formo parte del río de bañistas que van a este extremo a recuperar su coche. Pedro (mallorquín) dicen que me acompañará hasta el faro. Simona y Esam (alemanes), nos siguen, sonrientes, Mientras caminamos, les voy contando. Pedro pregunta y traduce. Al cabo de unos minutos me planteo si no estará contratado por el enemigo porque, insiste en que desista: “Te quedan tramos muy malos, no sé como lo harás, vas a pasar mucho calor”. La experiencia le avala: ha recorrido todo el litoral en barco, varias veces. Me pide precisión sobre la distancia que tomaré de la costa, sobre el tipo de soluciones que adoptaré ante peligros que ni me he planteado. Afortunadamente, soy de naturaleza cabezota. A cada afirmación le contesto con frases pánfilas como: he tenido suerte, los paisajes son preciosos, todos los días comparto esta aventura con personas estupendas…  Antes de que termine el kilómetro, ya nos hemos separado. Yo empecé a caminar más lento y él más rápido. Los alemanes sonreían.

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Esta entrada se publicó el julio 5, 2007 en 6:40 pm y se archivó dentro de Quinta Jornada. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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