Km. 93.

He remoloneado para escribir en mi cuaderno las últimas notas del día, los colores se van apagando. Apunto que el faro de Ses Salines sigue recibiendo a los más rezagados. Levanto la vista, relamiendo las sensaciones. Ya he estado aquí antes y sé que en su base hay espacios habilitados para guardar barcas, un gallinero,  almacenes… en fin, lo necesario para la vida autárquica propia de los fareros de antes. Ahora registro las coordenadas del GPS. Busco algún indicio de vida en la estación (hoy se utiliza para investigar los ecosistemas liteorales y marinos), pero todo parece dormido. Tiene gracia, esta torre ha marcado el norte de mi ruta ¿faro para marinera en tierra?. Suena el teléfono. Toni me anuncia que hoy dormiremos en la casa de Joana y Ferrán, mi agotado cuerpo se agita: ¡cenaré verduras de su huerto!. Un matrimonio francés con cinco hijos se acerca: han seguido el hilo pensando que era de un ciego que para caminar debía de palpar la fina hebra. Se ofrecen a acercarme al pueblo.

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Esta entrada se publicó el julio 5, 2007 en 6:30 pm y se archivó dentro de Quinta Jornada. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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