Km. 55.

Retomo el camino a pocos metros del lugar en el que me soñé caminando entre las rocas.. Saludo a la torre bajo la que me acribillaron los mosquitos con una reverencia, como si fuera el guardián de la puerta. Me asalta un dato que anoche me hizo sonreír: mirando el mapa, descubrí que esa parte del trayecto que había recorrido con cierto recogimiento y sensación de libertad, transcurría en parte por una zona de la costa llamada “El Carril”. Qué ironía, qué pequeño mi margen de libertad… Dejo atrás esos pensamientos, el recorrido requiere toda mi atención: las nuevas construcciones dificultan el recorrido junto a la costa. Afortunadamente los muros son bajos y eso nos permite bordear por el interior los jardines de decenas de viviendas vacías. Lo hacemos con cuidado, dejando que el hilo subraye el lugar por el que debía pasar el camino que protege la ley de costas.

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Esta entrada se publicó el julio 4, 2008 en 3:55 pm y se archivó dentro de Cuarta Jornada. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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