Km. 56.

No importa que las casas estén vacías, se siguen construyendo otras, aunque sea para gozar de ellas un instante. Las nuevas residencias nacen con delito incorporado: sus planos no respetan los seis metros de servidumbre que fija la ley. Ajenos a esta ilegalidad, los obreros hacen equilibrios sobre el andamio en el borde del cortado, como si se les hubiera extirpado la conciencia del riesgo. Separada del mar, me veo oblidagada a tomar esta fotoen el banco de un parque de asfalto. En el reino de los oasis particulares, este espacio infantil me parece una variante de esos patios en los que juegan los niños en las cárceles: Los responsables municipales han colocado dos columpios encajonados entre los muros de las propiedades  privadas para paliar lo evidente: quienes allí juegan son hijos de madres sin jardín propio.

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Esta entrada se publicó el julio 4, 2008 en 3:50 pm y se archivó dentro de Cuarta Jornada. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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