Km. 57.

Seguimos cruzando piscinas de casas sin inquilinos. En ésta, las sombrillas esperan, dispuestas  a ser usadas, extrañas centinelas. Llevo un buen rato recordando la película “El nadador” (1968). De la versión en blanco y negro (así salían las películas de mi infancia en la televisión) recuerdo el torso desnudo de Burt Lancaster, lo que demuestra que las niñas no se chupan el dedo. Años después la volvi a ver, ya en color; entonces me impactó la densidad emocional de ese ex triunfador que decide cruzar todo un condado pasando por las piscinas de sus amigos. No entendía su tozudez. Aquel hombre se lanzaba al agua una vez tras otra, mientras se encontraba con ex amantes despechadas, vecinos resentidos, acreedores agresivos. Como entonces, me agobio, afortunadamente la serenidad que transmite el mar a estas horas y el hecho de que no nos encontremos con un alma me desfrunce el ceño.

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Esta entrada se publicó el julio 4, 2008 en 3:45 pm y se archivó dentro de Cuarta Jornada. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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