Km. 59.

Tumbado en su hamaca, el hombre leía su periódico rodeado de zumos. Al otro lado de su verja, le pedimos permiso para pasar por el lado interno del muro de su jardín, que por supuesto no respeta las normas. Sin levantar la vista del periódico, niega con la cabeza. Cuando me doy cuenta que ha plantado espinos en el borde que da al torrente para que nadie pase por el exterior de su finca, dejamos a un lado el protocolo y nos colamos ante sus ojos, en el borde de su propiedad. El hombre nos miró de reojo, pegó un sorbo de zumo rosa y siguió leyendo. Desde entonces, todo es “puedo”, y todo es “más” o “menos”. Para dar esquinazo a esta actitud, me cenro en las Pes amarillas que voy encontrando por el camino. Podrían ser puntos para campeonatos de pesca. Probablemente allá abajo, en el fondo del mar, se acumule el plomo de los anzuelos. Pensé preguntárselo a Salvador Guerrero Martín, que a sus 82 años sigue madrugando para lanzar su caña, pero su amable conversación me hace olvidar mis monólogos.

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Esta entrada se publicó el julio 4, 2008 en 3:35 pm y se archivó dentro de Cuarta Jornada. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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