Km.60.

Hemos dejado atrás las canteras romanas en las que se cortaron ruedas de molino y no sólo piedras de marés. Aquí las rocas están formadas por trozos de conchas fosilizadas, buenas para la molienda. Tomé un respiro sobre una que se rompió antes de ser extraída, tenía 1,5 metros de diámetro. “La codicia rompe el saco”, observó Toni que no dejó de hacer fotografías. Viéndole saltar, de roca en roca, conecto con una certeza: Si pierdo el equilibrio, si tropiezo al pasar por ciertos lugares, no es por torpeza: cuando me siento débil, me asusto y entonces llega el miedo y sus consecuencias. Evidentemente, vuelvo al “puedo” y al “debo”; llevo decenas de pasos pensando que la fortaleza alimenta los temores, aunque suene paradójico. Aún así, me agarro con las dos manos al suelo, temiendo perder el pie y despeñarme hasta la espuma. ¿Un capullo de seda es débil o frágil?

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Esta entrada se publicó el julio 4, 2008 en 3:30 pm y se archivó dentro de Cuarta Jornada. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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