Km. 66.

Me he colado en uno de los pequeños varaderos que en su momento debieron proteger las barcas de los pescadores. Por lo visto, en alguno de estos rincones se llegó a teñir las redes de pescar, pero no he encontrado señales de aquel pasado. Miro el mapa, por si apareciera una respuesta escondida en la topografía, deduzco que estoy en la zona de Sa Senyora, me gusta el nombre. Tomé asiento en el interior de uno de los embarcaderos, a la sombra, sobre una desvencijada silla de plástico, para escribir algunas líneas sobre los pescadores, recogedores de algas, contrabandistas, vendedoras de sal y de pescado… pero no me salió ni media palabra, de modo que recogí mis bártulos y no he parado hasta que me obligó el gps. El botón amarillo compite con las flores a los pies de una escalera de una de estas casas, que logran integrarse en el entorno.

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Esta entrada se publicó el julio 4, 2008 en 2:55 pm y se archivó dentro de Cuarta Jornada. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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