Km. 71.

Apuro la jornada. La temperatura es agradable y el terreno, fácil. Sostienen el capullo de seda Carlos, Raúl, Joan, Marina y María. Primero me encontré con sus madres y luego llamaron a sus hijos. No sé por qué pero cuando cuento a un adulto que camino en torno a la costa y que miro cuanto me rodea con los ojos de un minúsculo capullo de seda, lo más frecuente es que nombren a sus hijos. Quizás sea porque los gusanos de seda siguen siendo un elemento de referencia en la infancia. ¿Sucede en todos los países?. O quizás conectan con aquello que fueron… o con lo que serán.

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Esta entrada se publicó el julio 4, 2008 en 2:30 pm y se archivó dentro de Cuarta Jornada. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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