Km. 37.

Amanezco enganchada a asuntos de ayer, concretamente a las mansiones que, en medio del terreno baldío, defendían su jardines con cámaras de seguridad y guardias jurado. Aquellos hombres transpiraban en sus minusculas garitas, debajo del uniforme. Hay una imagen que me persigue: sus cuerpos congestionados en el cuartucho, como el de las vacas de la ganadería industrial encajadas en sus ínfimos establos… Me devuelve a tierra un exabrupto de Toni: sus pies se hunden en la zanja con aguas fecales. Un chalet cercano utiliza la red de pluviales para deshacerse de sus excrementos, de modo que la hedionda mezcla va a parar al mar sin freno alguno. Como burlándose del mundo, al lado de esta pegajosa y fría lava se levanta un enorme cartel que indica que la zona está recibiendo subvenciones europeas para la construcción de una depuradora. Estupefactos y pringados, situamos el primer mojón del día en la verja de un camping que, tal y comopuede observarse en la foto, impide el acceso por la costa. Nos agarramos a este metal punzante para dar el salto al barranco colindante, demasiado pronto como para claudicar.

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Esta entrada se publicó el julio 3, 2009 en 2:15 pm y se archivó dentro de Tercera jornada. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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