Km. 38.

Confirmado: los antiguos torrentes limitan de forma natural esa onda expansiva de los terremotos urbanísticos. Hemos caminado, al fin, por un espacio sin sus residuos, lo que no significa que pasemos por un inmaculado vergel, tal y como demuestra el cadáver de una gaviota enredado en un hilo de pescar. Probablemente habia seguido el rastro de los cabos lanzados al mar por algún palangrero, estos barcos de pesca utilizan un sedal muy largo al que enganchan en línea una hilera de anzuelos de este tipo. Se considera una de las pescas más selectivas pues, dependiendo del tamaño, cebo y profundidad recogen piezas de una u otra especie, sin embargo es causa de muerte accidental de gran cantidad de tortugas y aves marinas (frecuentemente albatros, petreles y gaviotas). En esta zona del Mediterráneo los palangreros que generan más efectos colaterales son los que capturan peces espada, atunes, bonitos, caballa… es decir, pesca de superficie. Mientras fotografío el botón de seda junto al cadáver, le escucho declamar “ser o no ser, esa es la cuestión”.

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Esta entrada se publicó el julio 3, 2009 en 2:00 pm y se archivó dentro de Tercera jornada. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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