Km. 39

He subido y bajado por las laderas de la costa. Tras rozar el agua, vuelvo a remontar la falda sin demasidados problemas, mientras el calor no me abrume y mis piernas me lo permitan, seguiré con este zig-zag vertical. Me voy alejando más y más, de los espacios conocidos, de los seres que quiero. A la velocidad con la que avanzo la añoranza se entretiene y enreda mi lengua (monólogos a media voz), observo que mi cerebro paladea pensamientos: nombra cada uno de los detalles en los que reparo para que, ante mis ojos, aparezcan los matices. Podría describir lo mínimo con todo lujo de detalles. Quizá el asunto sea reversible y yo también esté menguando, hasta ser microscópica de ahí que vea más; quizás las cámaras de los turistas puedan apresarme como una mota en el paisaje, del mismo modo en que retengo estaverja que olvidó qué protegía y me detengo en sus minúsculas manchas. La idea me inquieta, querría salir corriendo pero en este nuevo tiempo orgánicolas huídas también son lentas y el pánico, breve.

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Esta entrada se publicó el julio 3, 2009 en 1:45 pm y se archivó dentro de Tercera jornada. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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