Km. 42

Me divierte considerar mi capullo de seda como un minúsculo bacín. Imposible de llevar en la cabeza, lo blando para doblegar el horizonte, una tierra sin sombra alguna. El sol fermenta mis sesos y yo fabrico historias que tiren de mí, enjutas patas de un Rocinante invisible. Me digo que, como seres vivos, echamos a andar para encontrar alimento y que una vez satisfecha esta necesidad, seguimos caminando para habitar el mundo. Mi acción es inexorable. Imagino a los primeros seres humanos llenando de nuevos significados el espacio. La idea de que empezamos a escribir con los pies me acuna en esta parada. Mientras cambio de zapatos, ideo que transito novelas, deambulo cuentos, ando relatos de los que sólo sé si miro hacia atrás. Soy una niña que aprende a leer, deletreo aquello con lo que me encuentro, apenas soy una punta de lápiz lenta y sorprendida… Como en aquellas primeras lecturas, retengo cada frase hasta hacer coherente el absurdo.

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Esta entrada se publicó el julio 3, 2009 en 1:20 pm y se archivó dentro de Tercera jornada. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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