Km. 44.

Una vez más, fotografío mi escuálido hito en las púas de una verja corroída y de nuevo la imagen me estremece. Su fragilidad y la dureza del óxido hacen una dolorosa combinación que, a pesar de todo, me resulta estética. De alguna manera los dos son restos de lo que fue. Mordisqueo frutos secos y regurgito una frase que escribí al comienzo de esta jornada: en este viaje las despedidas son tibias y de sombra larga. La añoranza es un sabor. Al ver los eslabones de la cadena recuerdo que Jaume, el excursionista que encontré en la cinta de Moebius, dijo que había llegado hasta mí siguiendo el curso del hilo. Durante un tramo se convitió en una barandilla enigmática, sonreía con la sensación. Me habló de la balanguera, una mujer, parca doméstica, que vacía la rueca de nuestras vidas con la sutileza de una araña para tejer nuestra mortaja.

Anuncios
Esta entrada se publicó el julio 3, 2009 en 1:10 pm y se archivó dentro de Tercera jornada. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: