Km. 45

La carretera se acerca al acantilado como si quisiera mirar por su cuenta el mar. Camino atrapada entre los dos trazos, la uniforme pista y la irregular costa. Aprecio este vaiven en el que se reflejan mis dos realidades opuestas, la movilidad física y la quietud del ánimo. Reboto entre ambas: el quebrado me lanza hacia al asfalto y desde allí salto hasta el borde del abismo. En el trayecto encuentro en el suelo preservativos usados, una pintada (“Mont y Jose”), rodadas en la tierra. Dicen que éste es lugar de suicidas y de amantes, lo entiendo, este lugar lo impone. Imagino a Jose y su ambiguo amor (¿Mont es hombre, mujer, trans…?) divididos entre el afán de contacto y el deseo de soledad. Amor y muerte afirman sus lazos en este punto de la recta.

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Esta entrada se publicó el julio 3, 2009 en 1:00 pm y se archivó dentro de Tercera jornada. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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