Km. 46.

El faro del Cap Blanc ha sido y es la constante del horizonte de esta jornada. Ahora le observo a pocos metros, desde un edificio que he encontrado en sus inmediaciones, aparentemente abandonado. Desconozco la utilidad de esta construcción, pero para mí se ofrece como mirador perfecto; elevado, limpio, con el firme liso y a salvo del sol. Es lo más parecido a un porche y esto me remite a hogar. Dejo que el sosiego se apodere de mis músculos. Cuando estoy a punto de caer rendida descubro en el suelo en el que me he tumbado, una garrapata. Este parásito sintetiza todas las fobias de mi viaje, es mi único miedo, le he imaginado cientos de veces esperando a clavarse en mi piel e infectándome hasta dejarme seca y exáusta. La piso, con temor y aprensión, la aplasto con un objeto pesado, insisto con el zapato… pero no hay manera de abatirla. Abrasarla viva me parece una muerte terrible pero mi pánico es superior. Lo hago. Dejo el cadáver del enemigo en el suelo y rehago mi petate. Antes de abandonar el lugar presto atención al entorno y descubro que este mirador es una instalación militar.

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Esta entrada se publicó el julio 3, 2009 en 1:00 pm y se archivó dentro de Tercera jornada. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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