Km. 47.

Hasta tal punto estamos en tiempos de paz que los carteles militares se oxidan hasta volverse patéticos. Los restos de lo que fueron baterías de ametralladoras recuerdan que aquello que defendímos a muerte dejará de existir. Después de caminar por la tierra más despoblada y seca de esta costa, sin oir más que gaviotas y chicharras, estos restos inútiles llenan de nuevos contenidos mis monólogos. En vez de seguir los dictados del pensamiento, busco en lontananza algún atisbo del radar meteorológico que han instalado en los alrededores. Dicen los expertos que permite predecir el tiempo exacto en el que tiene lugar cualquier tipo de fenómeno atmosférico dentro del archipiélago. Imagino el calor que transmite mi cuerpo apareciendo en sus previsiones, como una interferencia.

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Esta entrada se publicó el julio 3, 2009 en 11:55 am y se archivó dentro de Tercera jornada. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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