Km. 48.

Hago lo que no fue posible en el mirador: beber y respirar profundamente. No llevo libros conmigo de modo que leo las hojas del periódico con el que envolví las botellas de agua para que se conservaran frías. Me divierte la idea. La primera frase que consigo arrancar al papel arrugado y húmedo es “El escritor que tenía visiones”. La segunda “Todo lo que una persona puede imaginar, otro puede hacerlo realidad”. Sé que suena a psicótico pero las hojas parecen dirigirse a mí, para hacerlo más suave: me las ciño. Se trata de un artículo sobre Julio Verne, del que sólo puedo leer unas porciones. Pierdo la mirada en el paisaje. Las rocas grandes, las caracolas fosilizadas, imponen sus discursos y termino enganchando el capullo en las ramas secas que se fríen al sol en este rincón, que es coto de caza.  Rodeada de agua, también ardo, de la garganta hasta la piel. Nos azuza un aire tórrido.

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Esta entrada se publicó el julio 3, 2009 en 11:50 am y se archivó dentro de Tercera jornada. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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