Km. 49.

Escondida entre las zarzas he encontrado una rama pulida con esmero, una de esas varas antojadizas que un caminante ve y acoge y pasea y convierte en algo más que un fetiche, en un tercer brazo, enésima pierna. Me apoyo en báculo ajeno mientras transito por un camino trazado por los pies de  senderistas. A diferencia de las veredas de los pescadores (más irregulares, estrechas, orgánicas- se adaptan a la orografía, haciendo suyas las irregularidades) este camino tiende a ser línea recta, lo que delata que está hecho por pies que desean llegar al destino final. Aunque prefiero el de los pescadores (por mucho que de vez en cuando terminen en algún punto muerto próximo al mar, regalo envenenado cuando mina el cansancio), tomo este trazado como un buen síntoma: pues caminar es un derecho olvidado, tal y como lo demuestra la escasez de caminos públicos en Mallorca.

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Esta entrada se publicó el julio 3, 2009 en 11:45 am y se archivó dentro de Tercera jornada. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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