Km. 50.

Qué extraño lugar. No soy capaz de entender qué valor tienen estos montículos de piedras haciendo equilibros, unas sobre las otras. Son decenas y rodean en círculos concéntricos un habitáculo de planta circular tan pequeño como una despensa. No me atrevo a entrar en él por miedo a que se derrumbe, de modo que dejo el capullo de seda sobre una especie de altar que han situado en la entrada. Me siento en una de las piedras más grandes, que parecen haber sido elegidas para que se sienten los testigos, o los maestros de ceremonias. No veo una utilidad en esta intervención en el espacio, no veo restos de fogatas en el entorno, mi imaginación vuela. Los círculos concéntricos, figura elegida por los autores de esta intervención, deben tener un sentido, aunque sea como respuesta al inconsciente colectivo. Estas geometrias remiten a códigos ancestrales, propios de los rituales sagrados.

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Esta entrada se publicó el julio 3, 2009 en 11:40 am y se archivó dentro de Tercera jornada. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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