Km 52.

El kilómetro 52 termina a los pies de esta flecha cuya punta señala el lugar de donde vengo. Evidentemente, salgo por donde otros entran, regreso de su destino. Atrás quedan rincones mimados, parajes al margen de las especulaciones inmobiliarias, en los que la ley de costas no tiene que confrontarse a ninguna ambición. Tomé asiento junto al árbol caído y descubrí que sus ramas hacían un marco verde que encuadraba correctamente la torre de defensa de Cala Pi. Casi pierdo el aliento, pues a sus pies fue donde, recién llegada a Mallorca, soñé que daría la vuelta a la isla pegada al mar. En el sueño mis pies avanzaban, ligeros, por la costa; no llevaba equipaje, vestía de blanco y me observaba el mar.

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Esta entrada se publicó el julio 3, 2009 en 11:30 am y se archivó dentro de Tercera jornada. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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