Km. 24.

En verano los sábados amanecen más tarde. He andado con sigilo, tanto, que el sonido del mar llegaba desnudo a mis oídos y luego, de fondo, asomaban los ronquidos de alguien que aún dormía a pierna suelta. Soy humana en el país de los vampiros. En temporada alta una parte de esta isla se desincroniza de los ritmos circadianos de la luz y la oscuridad. Los veraneantes parecen abrazar un horario que en épocas laborables considerarían insano. Sin embargo, lavanderías, farmacias, hoteles, restaurantes… se adaptan a este ciclo tan rentable como extenuante. Los que viven de los turistas se agotan intentando satisfacer sus deseos, y son muchos, tantos, que los pescadores de aquella barca son una excepción, han madrugado.

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Esta entrada se publicó el julio 2, 2010 en 5:30 pm y se archivó dentro de Segunda jornada. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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