Km. 25.

Y del cemento al vacío de esta zona calcárea, dominada por los acebuches y la garriga. He accedido por el hueco que los andariegos han abierto en una verja. Como en la película Stalker, los carteles destartalados prohiben manifiestamente el paso a un lugar al que pocos parecen querer llegar. Sé que transito por un “área natural de especial interés” y que sobre esta tierra seca llueve la quinta parte que en Lluc (monasterio de referencia en la isla, en el corazón de la sierra de Tramontana). En breve me encontraré con las instalaciones militares que se constuyeron a raíz de la crisis de 1898. He leído que la pérdida de las colonias provocó el cierre de muchas fábricas de calzado de la isla y, para paliar el paro y prevenir posibles desórdenes sociales, se promovió la construcción de este fuerte. Zapateros levantando muros… extraña imagen. Desde el siglo XIV y, durante casi 400 años, los isleños sufrieron contínuos ataques de corsarios y bárbaros que accedían a la isla por esta zona, pero esta fortaleza nunca tuvo que defenderse del enemigo. El mar, a esta distancia, parece menos peligroso.

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Esta entrada se publicó el julio 2, 2010 en 5:15 pm y se archivó dentro de Segunda jornada. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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