Km. 27.

No es la misma rama, ni la misma barca, ni tampoco la misma temperatura. Distribuyo mis pocos bienes en busca de hábitos que hagan más mío este viaje, como una casa se convierte en hogar a fuerza de vivir en ella. En los bolsillos del pantalón guardo las cajitas con los capullos de seda de la jornada; en los externos de la mochila he colocado la bobina de hilo y la cinta de video de repuesto. Los ritos son las cinchas que sujetan los gestos en horas como esta, en la que todo se deshace. El zumbido de las chicharras confirma que el calor atenaza, bebemos en los rincones más umbríos de las fosas. No hay urgencias, sólo más calor, que gestionamos intuitivamente. Semanas antes de partir el Ministerio de Salud dedicaba una rueda de prensa a la prevención de la “ola de calor”. Antesdeayer los periódicos informaron que éste sería el verano más tórrido de últimos no sé cuántos años. Sí, lo hace, calor, pero no es terrible, y tampoco es el único disolvente de las cosas.

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Esta entrada se publicó el julio 2, 2010 en 4:45 pm y se archivó dentro de Segunda jornada. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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