Km. 29.

Decía Borges que el presente está solo. Yo lo imagino como una cifra aleatoria colada en un algoritmo: tiene valor porque determina el resultado.  En este viaje el presente está solo pero preñado de azar; si no puedo pasar, bordeo. Tras el límite aparece en ocasiones, la sorpresa. Como Adrián, ese niño de diez años que riega el jardín de una casa vacía y al verme me ofrece agua. Sus padres estána cuidando otra finca vecina, también sin inquilinos. Tenía la piel quemada por el sol, sabía manejar las herramientas, aún le doy vueltas a la gravedad de su voz atiplada. Donde acabo los mil metros deposito el capullo y lo fotografío, al margen de la belleza, lo llamativo o lo importante. Cada retrato es, pues, una suma de circunstancias aleatorias. En esta ocasión acabo junto a uno de los coches aparcados en los aledaños de Es Desvallador des Carros. En los huecos de este tramo de la costa los bañistas se desnudan al sol, alguno de estos socavones son producto de la estracción de piedra arenisca (marés). El abuelo de Jaume ha venido a recogerle. Recuerda que aquí hizo sus práctias mientras cumplía el servicio militar. Qué extraña evolución.

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Esta entrada se publicó el julio 2, 2010 en 4:15 pm y se archivó dentro de Segunda jornada. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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