Km.14.

No llevo reloj. Intuyo que es la hora de comer porque los turistas han abandonado las hamacas. Convierto mi cuerpo en una constante para medir la evolución de la luz y constato que, además, mi sombra me da la razón. Quizá el eterno ejercicio de adelantarse a la incertidumbre, tan propio de los humanos, comenzara con un palo clavado en tierra fuera. Es más, si cuerpo y palo se hicieron un hueco en la Historia del tiempo debió ser gracias a sus sombras. El resto sucedió así: Tras perder su prestigio en la Ilustración, esta huella umbría recuperaría protagonismo a comienzos del siglo XX de la mano del psicoanálisis; luego, tras la II Guerra Mundial,  el turismo la convertiría en un negocio tan rentable que los ayuntamientos sacan hoy a concurso la explotación de los palos y sus sombras, tal y como da fe una playa como ésta. …

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Esta entrada se publicó el julio 1, 2011 en 8:00 pm y se archivó dentro de Primera jornada. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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