Km.20.

Al fin doy un lugar “natural” al capullo de seda. En la foto se yergue en el tallo de una inflorescencia que aquí se denomina “aubó”. Lo retrato mirando hacia atrás, en dirección a la primera casa que, llevando la contraria a la ley de costas, levanta sus muros sobre el dominio público marítimo-terrestre. La voracidad de la “primera línea” es alimentada por las leyes del mercado y aquí estoy yo, mera caminante. Querría que este punto amarillo fuera un pequeño faro cuya luz iluminara el recorrido, devolviéndole una parte de la dulzura perdida. No se trata de lirismo, creo en el poder de los gestos, creo que la consciencia modifica la mirada y creo que la humanidad es la que decide, con sus creencias, gran parte del destino del mundo. Este viaje no es una metáfora levantada para cuestionar la gestión del espacio, sino un acto fu cuya primera afectada soy yo: al reapropiarme del entorno de forma minúscula y lenta debo mirar más allá de lo que están acostumbrados mis ojos.

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Esta entrada se publicó el julio 1, 2011 en 6:30 pm y se archivó dentro de Primera jornada. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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