Km.21.

Último kilómetro de la jornada. Observo mis pies. Sé que se irán haciendo poco a poco más ligeros, incluso más pequeños (en justa compensación por su estrecho vínculo con lo minúsculo), sin embargo ahora sólo están exhaustos y perplejos. Una alemana me increpó, asustada, porque estaba convencida que mi hilo ahogaría a sus perros y a las aves, haría tropezar a los niños, precipitaría a los ancianos ladera abajo. Dos hombres callaron hasta verme lejos, creo que ví cómo se escondían tras las zarzas. No les oí jadear. Andar adapta la geografía a la anatomía del caminante, por tanto hace evidente todas sus limitaciones; con ellas cada peregrin@ hace su ruta, con ellas cada vagabund@ alcanza su destino. No, esto no es un viaje místico, es difícil orar en el supermercado.

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Esta entrada se publicó el julio 1, 2011 en 6:15 pm y se archivó dentro de Primera jornada. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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