Km.9.

La catedral está a mis espaldas, allá, lejos, sin embargo cabe en el minúsculo círculo que crean mi índice y pulgar. El punto del que partí ahora es tan pequeño como mi uña. Podría atrapar la ciudad entera con una sola mano. Soy KingKong y mi capullo de seda la rubia de la peli. Después de jugar, tomar aliento y beber un trago, caigo en la cuenta que ya he hecho eso de “mirar atrás“. Apenas he iniciado el viaje y ya estoy reparando en el origen. ¡Con todo lo que quea por delante!. Quizás sea un rasgo humano, porque nada más desencadenar nuestra historia nos hacemos conscientes que vivir impide volver atrás. Nuestros paraísos suelen levantarse en aquellos primeros lugares, quizá por eso la industria del turismo es fructífera, porque sabe que cualquiera podría caer en la tentación de abandonar su vidas y recorrer, insatisfecho, medio mundo, con tal de dar marcha atrás los relojes… aunque no sea posible (al menos para los humanos).

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Esta entrada se publicó el julio 1, 2011 en 9:15 pm y se archivó dentro de Primera jornada. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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