Km.3.

Hace unos meses soñé que daba la vuelta a la isla andando. Bordeaba su costa a pie, ligera, como caminan los animales. Lo más curioso es que yo era minúscula, a mi lado, los dientes de perro de las rocas tenían el tamaño de cuevas. Cuando abrí los ojos, aún sonreía: Gregorio Samsa tenía razón, un día una despierta insecto y todo cambia, sin embargo yo me sentía feliz. Era la única que pernoctaba en aquella playa, al lado de mi saco se multiplicaban los insectos, las estrellas me deslumbraban. En ese entorno tomé la decisión. Ahora estoy aquí, observando cómo este pequeño capullo, encaramado a la valla de una obra, transforma el paisaje.

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Esta entrada se publicó el julio 1, 2011 en 10:45 pm y se archivó dentro de Primera jornada. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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