Km. 5.

Ante el objetivo de la cámara el paseo marítimo afirma su condición de línea recta, resumen de todas las curvas que quedaron sepultadas bajo su trazo. Aún quedan testigos que recuerdan este tramo de la costa cuando era dubitativo e irregular; cuando agua y arena y rocas bordeaban las murallas alejadas de los imperativos urbanos; cuando la naturaleza no tenía que reivindicarse como espacio público para ser respetada. El paisaje necesita testigos que recuerden su historia y yo, recién llegada a esta tierra, reparo en los detalles mínimos de la memoria y la presencia. Atravesado por el hilo, este paseo se enlaza con el mar, líquido azul en el que los barcos flotan, indiferentes a los asuntos terrenales.

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Esta entrada se publicó el julio 1, 2011 en 10:15 pm y se archivó dentro de Primera jornada. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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