Km. 6.

He preparado este viaje de forma intermitente para que la intuición también tenga su espacio. A pesar de mis planes y mis sueños, nunca imaginé que me sería negada la intimidad. Nada más partir me doy cuenta que bordear el mar no es lo mismo que caminar junto a un río: ahora transito por orillas colonizadas y rentables, mientras que las fluviales suelen ser abandonadas o suprimidas. Aquí el otro siempre está presente, mira, me sortea, toca el cláxon, me pregunta por qué hago esto… Este kilómetro acaba en los pies de dos bañistas, Antonia y Mercedes. Aceptan ser el pedestal en el que se encarame este mojón de seda. Mientras las fotografío recuerdan, con una sola voz, que nos encontramos en la final de la “platja de ca‘n Pere Antoni“, un nombre a punto de caer en el olvido.

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Esta entrada se publicó el julio 1, 2011 en 10:00 pm y se archivó dentro de Primera jornada. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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